Cómo preparar una oposición si trabajas (sin dejarte la vida)
La mayoría de opositores estudia con una jornada laboral encima. No hace falta tener más horas: hace falta usar mejor las que ya tienes. Así se organiza una semana real.
Trabajas ocho horas. Llegas a casa cansado. Hay que hacer la compra, preparar la cena, entrenar, atender a tu familia o simplemente tener un rato en el que no estés haciendo nada.
Y, en algún punto de todo eso, tienes que estudiar una oposición.
Entonces abres Instagram y aparece alguien estudiando a las seis de la mañana.
Después otro que lleva cinco horas de biblioteca.
Y otro enseñando un planning semanal con más horas de estudio de las que tú tienes libres.
Es fácil llegar a una conclusión:
“Con el tiempo que tengo, no puedo competir con esto.”
Pero si trabajas, tu preparación no puede construirse como la de alguien que dispone de todo el día.
No necesitas copiar su horario.
Necesitas un sistema que funcione con el tuyo.
Y eso empieza por aceptar algo: probablemente no tengas todo el tiempo que te gustaría.
Qué haces con el que sí tienes.
Deja de planificar con horas que no existen
Uno de los primeros errores es hacer el planning pensando en nuestra semana ideal.
“Cuando salga de trabajar estudio tres horas.”
Sobre el papel funciona.
Hasta que sales tarde, tienes que comprar, llegas cansado y esas tres horas se convierten en una.
Al tercer día ya vas atrasado.
El problema no siempre es falta de disciplina.
Puede ser simplemente que el plan nunca fue realista.
Haz el cálculo al revés.
No empieces preguntándote cuánto deberías estudiar.
Pregúntate:
¿Cuánto tiempo puedo mantener incluso durante una semana normal?
Por ejemplo:
Puede parecer poco cuando lo comparas con alguien que estudia seis horas diarias.
Pero mantenidas durante 40 semanas son unas 400 horas de preparación.
De repente, esas sesiones pequeñas empiezan a verse de otra manera.
No todas tus horas valen lo mismo
Esto es fundamental cuando trabajas.
Quizá tienes una hora libre a las 7:00 antes de entrar.
Veinte minutos en el autobús.
Media hora después de comer.
Y otra hora a las 22:00.
Sobre el papel son casi tres horas.
Pero no son tres horas iguales.
A primera hora quizá puedes enfrentarte a contenido nuevo.
Después de ocho horas trabajando puede que tengas mucha menos capacidad para concentrarte.
Y en el autobús probablemente no tenga sentido intentar comprender por primera vez un tema complicado.
En lugar de organizar únicamente cuánto estudiar, organiza también qué tipo de tarea haces en cada momento.
Reserva tus mejores momentos
Para aquello que requiera concentración real.
Aprovecha sin exigirte lo mismo
Para tareas más ligeras o de recuperación.
Esto cambia bastante la preparación.
Porque dejas de exigirle a todos los momentos del día lo mismo.
Los tiempos muertos ayudan, pero no conviertas toda tu vida en estudiar
Sí, existen pequeños huecos que puedes aprovechar.
Todo suma.
Pero hay que tener cuidado con convertir esta idea en:
“Cualquier minuto en el que no estoy trabajando debería estar estudiando.”
No.
También necesitas comer tranquilo.
Hablar con alguien.
Escuchar música.
Mirar el móvil si te apetece.
O simplemente no hacer nada.
Los tiempos muertos son útiles cuando complementan tu preparación, no cuando convierten las 24 horas del día en una oposición.
Una buena regla puede ser:
Elimina una decisión diaria: saber qué toca
Llegas a casa a las 20:00.
Estás cansado.
Tienes una hora.
Y entonces empiezas:
“¿Qué hago hoy?”
Abres el temario.
Miras el calendario.
Revisas los test.
Cambias de opinión.
Coges otro tema.
Han pasado quince minutos y todavía no has empezado.
Cuando tienes cinco horas disponibles, perder quince minutos molesta.
Cuando tienes una, es una cuarta parte de tu sesión.
Por eso, si trabajas, intenta llegar al momento de estudio con la siguiente acción decidida.
No:
“Mañana estudiar.”
Sino:
Cuantas menos decisiones tengas que tomar cuando ya estás cansado, más fácil será empezar.
Trabaja con una semana mínima
Esta idea puede ayudarte muchísimo.
Define qué tendría que ocurrir para considerar que, incluso en una semana complicada, no has perdido completamente el ritmo.
10 horas
Temas nuevos + repasos + test.
5 horas
Mantener repasos + algunas preguntas + avanzar lo posible.
No es tu objetivo estudiar cinco horas todas las semanas.
Es tu suelo.
Porque habrá semanas con reuniones.
Viajes.
Horas extra.
Enfermedad.
Compromisos familiares.
O simplemente cansancio.
Y en esos momentos solemos caer en el pensamiento de:
“Como esta semana no puedo cumplir el plan, ya retomo bien el lunes.”
Ese “lunes” puede convertirse fácilmente en dos semanas.
Es mejor hacer poco y mantener el contacto que desaparecer completamente de la preparación.
No intentes recuperar un día perdido metiendo dos días en uno
El martes no pudiste estudiar.
El miércoles miras el planning y piensas:
“Hoy hago lo del martes y lo del miércoles.”
Puede funcionar una vez.
Pero si trabajas con una disponibilidad ajustada, muchas veces lo único que consigues es empezar a acumular tareas.
El viernes tu calendario parece una lista de cosas que deberías haber hecho.
Cuando pierdas un día, replanifica.
Decide qué necesitas recuperar, qué puedes desplazar y qué directamente puedes eliminar.
Tu objetivo no es obedecer el calendario que diseñaste el domingo.
Tu objetivo es que el calendario vuelva a representar tu situación real.
Esto es especialmente importante en METODEA: la planificación debería adaptarse al tiempo disponible y al progreso que vas haciendo, porque una preparación de meses difícilmente va a salir exactamente como estaba prevista el primer día.
No sacrifiques siempre los repasos para avanzar
Cuando tienes poco tiempo existe una obsesión comprensible:
terminar temas.
Tema 10 → Tema 11 → Tema 12 → Tema 13
Ver crecer ese número produce sensación de avance.
El problema llega cuando vuelves al tema 4 y apenas recuerdas una parte.
Por eso trabajar y disponer de menos horas no significa que debas dedicar todo tu tiempo al contenido nuevo.
Necesitas dejar espacio para:
Puede que avances más lentamente por el temario.
Pero avanzar más rápido para después tener que reconstruir gran parte de lo estudiado tampoco parece una gran ventaja.
Protege el sueño antes de robarle horas
Cuando faltan horas, hay un sitio muy tentador donde encontrarlas.
La noche.
“Hoy estudio hasta las dos.”
Puedes hacerlo puntualmente.
El problema es convertirlo en el sistema habitual.
Dormir menos para estudiar más puede terminar afectando precisamente a aquello que necesitas para estudiar: atención, memoria y capacidad para aprender.
Además, al día siguiente sigues teniendo que trabajar.
El sueño forma parte de lo que permite que el resto de tu preparación funcione.
Por eso el sueño no debería verse simplemente como:
8 horas en las que podría estar estudiando.
Forma parte de lo que permite que el resto de tu preparación funcione.
Si tu planificación solo encaja reduciendo continuamente el descanso, probablemente necesites revisar la planificación.
Y protege también una parte de tu vida
Hay una frase bastante peligrosa:
“Cuando apruebe ya tendré tiempo.”
Puede que tu preparación dure meses.
Quizá más.
No puedes vivir indefinidamente en modo espera.
No significa salir todos los fines de semana ni mantener exactamente la misma vida que antes.
Una oposición exige renuncias.
Pero intenta mantener algunas cosas.
Lo que sea importante para ti.
No porque “te lo hayas ganado”.
Sino porque necesitas construir una rutina que puedas mantener durante bastante tiempo.
Un horario realista para alguien que trabaja
Imagina una jornada de 9:00 a 18:00, de lunes a viernes.
Una semana podría organizarse así:
Eso suma aproximadamente 9 horas y media.
No es un horario universal.
Puede que tú prefieras levantarte temprano.
Puede que trabajes a turnos.
Puede que tengas libres los miércoles.
La idea no es copiar estas horas.
Es observar que una preparación puede construirse sin necesitar estudiar cuatro horas cada noche después del trabajo.
Mide semanas, no días
El lunes estudiaste dos horas.
El martes ninguna.
El miércoles solo 40 minutos.
Es fácil pensar:
“Esta semana está siendo un desastre.”
Pero quizá el sábado puedes dedicar tres horas y el domingo otras dos.
Tu unidad de medida no tiene por qué ser siempre el día.
Cuando trabajas, puede resultar mucho más útil mirar la semana completa.
Mira la semana completa
Pregúntate:
Eso reduce bastante la sensación de fracaso que aparece cuando un martes no sale como estaba previsto.
Lento también es avanzar
Este es probablemente el mensaje más importante.
Trabajar mientras preparas una oposición puede hacer que tu avance sea más lento que el de alguien que dispone de todo el día.
Eso no convierte tu preparación en peor.
Simplemente significa que estás jugando con unas condiciones diferentes.
Habrá días en los que solo puedas hacer diez preguntas.
Otros en los que estudiarás dos horas.
Y algún sábado conseguirás avanzar muchísimo.
No juzgues toda tu preparación por una tarde mala.
Mira meses.
Ahí aparece el progreso real.
Diez horas semanales pueden parecer pequeñas. Mantenidas en el tiempo, dejan de serlo.
No necesitas encontrar más tiempo. Necesitas decidir mejor qué haces con él
Si trabajas, probablemente nunca sentirás que tienes tiempo de sobra para opositar.
Por eso tu ventaja no está en intentar fabricar días de 30 horas.
Está en tener claro:
Ahí es donde METODEA puede ayudarte a convertir tu disponibilidad real en una planificación, combinar estudio con test, flashcards y repasos y seguir tu progreso sin tener que decidir desde cero cada vez que consigues sentarte.
No necesitas vivir exclusivamente para la oposición.
Necesitas construir una preparación que pueda convivir con la vida que ya tienes.
Porque quizá puedas mantener una semana imposible durante quince días.
Pero la oposición probablemente dure bastante más.
Y cuando trabajas, avanzar de forma sostenible no es ir despacio. Es conseguir seguir avanzando.
Comentarios